Columna XXXVI I— El saqueo no fue un error: tuvo arquitectos

Desde mi balcon…

No destruyeron a Puerto Rico por incompetencia.

Lo destruyeron porque era rentable.

Nada de lo que vivimos — apagones, cenizas tóxicas, playas privatizadas, escuelas cerradas, gente desplazada — fue casualidad.

Fue un modelo de negocio.

Mientras nos hablaban de “crisis”, otros leían la palabra correcta: oportunidad.

Oportunidad de comprar barato.

De privatizar caro.

De cobrar deudas infladas.

De convertir sufrimiento en retorno de inversión.

Puerto Rico no fue rescatado.

Fue subastado.

Nos contaminaron comunidades enteras con desperdicios industriales porque aquí las vidas valían menos que las ganancias.

Nos vendieron el sistema eléctrico como “modernización” cuando era una transferencia de dinero público a manos privadas.

Nos impusieron austeridad no para sanar la economía, sino para asegurarle pagos completos a inversionistas que compraron nuestra deuda como chatarra financiera.

Después llegaron los resorts.

Los condominios de lujo.

Las playas con guardias.

Primero destruyen.

Luego compran barato.

Después reconstruyen solo para ellos.

Colonialismo versión siglo XXI.

Y lo más perverso:

nos hicieron pelear entre nosotros.

Que si los políticos locales.

Que si la “mala administración boricua”.

Que si “no sabemos manejar dinero”.

Mientras tanto, los verdaderos beneficiarios — los fondos, los bancos, los inversionistas del desastre — operaban tranquilos desde oficinas con aire acondicionado en Nueva York.

El truco más viejo del imperio:

culpar al colonizado mientras se llevan el botín.

Puerto Rico se convirtió en:

Un vertedero tóxico rentable.

Un mercado de apagones lucrativo.

Un paraíso fiscal para ricos.

Una mina de oro de deuda.

Una tierra de desplazamiento programado.

Y todo bajo el lenguaje elegante de “reformas”.

No fue mala suerte.

No fue incapacidad.

No fue una cadena de errores.

Fue una extracción diseñada.

Como se extrae oro.

Como se extrae petróleo.

Como se extrae riqueza de una colonia.

Solo que ahora el recurso somos nosotros:

nuestra tierra, nuestra energía, nuestra agua, nuestras comunidades.

La pregunta nunca fue si Puerto Rico iba a levantarse.

La verdadera pregunta siempre fue:

¿Quién iba a ganar mientras caíamos?

Y la respuesta es incómoda:

No los maestros.

No los enfermeros.

No las comunidades.

No los viejos.

No los niños.

Ganaron los que convierten crisis en capital.

Hoy nos hablan de “progreso”.

Pero progreso sin pueblo es despojo.

Nos hablan de “inversión”.

Pero inversión que expulsa es colonización.

Nos hablan de “desarrollo”.

Pero desarrollo que enferma y desplaza es saqueo.

Puerto Rico no necesita más salvadores.

Necesita verdad.

Necesita justicia ambiental.

Justicia económica.

Justicia histórica.

Necesita que dejemos de llamar mala suerte a lo que fue explotación.

Porque cuando miras todo completo, sin propaganda:

La destrucción no fue el problema.

Fue el negocio.

Y mientras no nombremos eso,

seguirán reconstruyendo sobre nuestras ruinas para enriquecerse otra vez.

Desde el balcón de Lucía 🔥

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