Caribe castigado: Cuba y Haití bajo la crueldad imperial
No puedo dejar de pensar en Cuba.
No puedo dejar de pensar en Haití.
Y no por romanticismo ideológico, sino por una verdad brutal que muchos prefieren no mirar:
lo que se les ha hecho a esos pueblos es castigo colectivo deliberado.
No es un “fallo de política”.
No es una “situación compleja”.
No es una “tragedia natural”.
Es violencia estructural sostenida.
Cuba: el castigo como política oficial
Contra Cuba existe uno de los regímenes de sanciones más largos y crueles de la historia moderna.
Un bloqueo económico impuesto por el gobierno de Estados Unidos, mantenido por ambos partidos, reforzado por leyes como la Helms-Burton, que castiga incluso a terceros países por comerciar con la isla.
¿El resultado real?
No es “presionar al gobierno”.
Es asfixiar a la población.
Medicinas que no llegan.
Equipos médicos imposibles de comprar.
Tecnología bloqueada.
Banca cerrada.
Comercio estrangulado.
Y luego, con una hipocresía obscena, se señala la escasez como prueba del “fracaso cubano”.
Eso no es política exterior.
Eso es crueldad planificada.
Los responsables tienen nombre:
- El Congreso de Estados Unidos, que se niega a levantar el bloqueo.
- Los presidentes estadounidenses que lo mantienen por cálculo electoral.
- El lobby cubano-americano de línea dura, que convierte el sufrimiento de un pueblo en moneda política.
- El Departamento del Tesoro y la OFAC, que persiguen transacciones humanitarias como si fueran crimen.
Décadas de castigo no han traído democracia.
Solo han traído dolor.
Haití: saqueado, intervenido, abandonado
Haití es el ejemplo más brutal de cómo el mundo castiga a quien se atreve a liberarse.
Primer país negro libre del mundo.
Y por eso mismo, condenado.
Francia le impuso una deuda criminal por haberse liberado de la esclavitud.
Estados Unidos ocupó Haití durante años, reconfiguró su economía para servir intereses externos y nunca permitió una soberanía real.
La ONU intervino con misiones que dejaron abuso, violencia sexual y una epidemia de cólera, sin asumir responsabilidad plena.
¿Y hoy?
Haití está colapsado, sí.
Pero no por “incapacidad cultural”.
Está colapsado porque fue desangrado sistemáticamente.
Los responsables también tienen nombre:
- Francia, por la deuda colonial que nunca ha reparado.
- Estados Unidos, por décadas de intervención política, económica y militar.
- Instituciones financieras internacionales que impusieron austeridad y dependencia.
- La comunidad internacional, que usa a Haití como laboratorio y luego lo abandona.
Cuando el pueblo haitiano huye, no es migración.
Es supervivencia.
Racismo imperial en el Caribe
Cuba y Haití no son casos aislados.
Son parte de un patrón.
Pueblos caribeños, negros, empobrecidos por diseño, tratados como prescindibles.
Se les niega soberanía.
Se les castiga por no alinearse.
Se les bloquea, se les interviene, se les abandona.
Y luego se les culpa por las consecuencias.
Eso es racismo imperial.
Un racismo que no siempre grita insultos,
pero decide qué pueblos pueden sufrir sin que importe.
Puerto Rico sabe de esto
En Puerto Rico reconocemos ese patrón porque lo vivimos:
Sanciones disfrazadas de “juntas”.
Austeridad impuesta.
Migración forzada.
Privatización de la vida.
Dependencia fabricada.
El Caribe entero es tratado como patio trasero, como zona de sacrificio, como territorio sin derecho pleno a decidir.
Nombrar la crueldad es el primer paso
No se puede hablar de derechos humanos mientras se mantienen sanciones que matan lentamente.
No se puede hablar de democracia mientras se castiga a pueblos enteros.
No se puede hablar de libertad mientras se usa el hambre como arma.
La crueldad contra Cuba y Haití no es inevitable.
Es una decisión política.
Y toda decisión política tiene responsables.
Nombrarlos no es radicalismo.
Es honestidad.
Y callarlo, eso sí, es complicidad.
Desde el balcón de Lucía 🔥
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