Desde el balcón de Lucía
Puerto Rico no necesita resolver su estatus.
Necesita dignidad.
Durante décadas nos han hecho creer que el gran debate nacional es si debemos ser estado, república o alguna fórmula intermedia. Tres palabras que llenan discursos, campañas y plebiscitos.
Pero mientras discutimos banderas, la dignidad de nuestra gente se nos escapa entre los dedos.
Porque el problema más urgente de Puerto Rico no es jurídico.
Es moral.
Es administrativo.
Es profundamente humano.
Nos gobierna una administración pública que ha normalizado el desastre. No un desastre natural —de esos ya sabemos levantarnos— sino el desastre lento de la incompetencia, la politiquería y la falta de visión.
Una administración que trata el país como escenario de campaña permanente.
Miren a la gobernadora Jenniffer González-Colón.
Muchos de los arquitectos del colapso energético del país siguen hoy ocupando posiciones de poder, mientras el desastre de la Autoridad de Energía Eléctrica y su deuda impagable continúan definiendo nuestro futuro.
La deuda se negocia.
Los contratos cambian de manos.
Las excusas se reciclan.
Pero la luz sigue fallando.
El sistema sigue frágil.
Y el país sigue pagando.
Mientras tanto, nuestros líderes viajan, anuncian, inauguran, se fotografían y prometen. Turismo político en medio de una crisis estructural.
El mundo está entrando en una época de turbulencia real.
Crisis climática.
Crisis energética.
Guerras que reconfiguran economías.
Cadenas de suministro que ya no son estables.
Y Puerto Rico sigue operando como si nada de eso nos fuera a tocar.
No hay un plan serio de resiliencia energética nacional.
No hay una estrategia económica que proteja a las comunidades.
No hay un proyecto de país.
Solo administración del día a día.
Solo improvisación.
Solo política.
Mientras tanto, el país real ocurre en otro lugar.
Ocurre en los barrios.
En las comunidades.
En los espacios donde la gente dejó de esperar que el gobierno resolviera.
Porque cuando el gobierno falla, el pueblo inventa.
Inventamos energía comunitaria.
Inventamos economías pequeñas.
Inventamos redes de cuidado.
Inventamos cultura para no olvidar quiénes somos.
La dignidad no llega por decreto.
Se construye.
Se construye cuando una comunidad decide organizarse.
Cuando una madre decide que sus hijos merecen algo mejor.
Cuando un barrio decide defender su memoria y su territorio.
Puerto Rico no se va a salvar desde La Fortaleza.
Puerto Rico se va a salvar desde abajo.
Desde las manos de la gente que entendió que el país no es el gobierno.
El país es su gente.
El estatus podrá resolverse algún día.
Pero la dignidad no puede seguir esperando.
Porque un pueblo que pierde su dignidad no pierde solo su economía.
Pierde su alma.
Y un país sin alma no se gobierna.
Se administra.
Y Puerto Rico merece mucho más que eso.
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Desde el balcón de Lucía 🔥
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